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miércoles, 4 de agosto de 2021

El pez frío

(de Lady Onogoro, un cuento erótico del Japón del siglo XI)

Hanako, una joven bella, aunque atolondrada, tenía un amante escrupuloso y pulcro que gustaba de hacer el amor con guantes. 

Antes de tocarla, el hombre vigilaba personalmente su baño y exigía que ella se fregara con piedra pómez de pies a cabeza, se depilara hasta el último vello y enjabonara cuanto pliegue y orificio había en su esbelto cuerpo, todo esto sin una palabra de afecto o de aprecio por sus encantos. 

Ahora bien, en el jardín de Hanako había un estanque donde todavía nadaba una carpa enorme y venerable. 

A pesar de sus cuarenta años de existencia, el viejo pez no tenia ninguna de las mañas del meticuloso enamorado de Hanako, por el contrario, era fuerte como un atleta y lleno de consideración, como deben ser los buenos amantes. 

No es raro, por lo mismo, que ella lo prefiriera como compañero. La joven solía sentarse a la orilla del agua y al llamarlo por su nombre él subía a la superficie a jugar con ella. 

Una noche, después de recibir las higiénicas caricias del hombre con guantes, salió al jardín y se echó a la orilla del estanque a llorar. 

Atraído por los sollozos, el gigante subió del fondo y acercándose a la mano lánguida que tocaba apenas el agua, le chupó uno a uno los dedos con sus fuertes labios. 

Hanako sintió que su piel se erizaba y una sensualidad desconocida la recorría entera, sacudiéndola hasta la esencia misma de su ser. 

Dejó caer un pie al agua y el pez besó también cada dedo con la misma dedicación, y luego la otra mano y el otro pie, y enseguida ella puso las piernas en el estanque y la carpa frotó las escamas de plata de su vientre contra la piel de la muchacha. 

Hanako comprendió la invitación y se dejó caer en el barro del estanque, abierta y blanca como una flor de loto, mientras el atrevido pez rondaba en torno a ella acariciándola y besándola y obligándola a abrir las piernas y entregarse a sus caricias. 

El pez le soplaba chorros de agua por las partes más sensibles y así, poco a poco, fue ganando terreno y conduciéndola por las rutas del placer más sublime, un placer que Hanako no había tenido jamás en brazos de hombre alguno y menos, por supuesto, del amante enguantado.

Más tarde ambos reposaron flotando contentos en el barro del estanque bajo el escrutinio de las estrellas. 

(Cuento japonés extraído del libro Afrodita, de Isabel Allende). 

Hace poco vi la película de Guillermo del Toro, 'La forma del Agua' (The shape of water) un precioso cuento de hadas hecho película, con la genialidad de este director que ya me cautivó en 'El laberinto del Fauno'. Maestro realizando cuentos para adultos con toques de fantasía oscura que es un género que me apasiona. 

En esta ocasión, en la película La forma del agua también se explora el erotismo de una forma sutil y hermosa, esto hizo que viniera a mi mente el pequeño cuento japonés de Lady Onogoro: El pez frío, recogido en el libro de Isabel Allende, Afrodita. 

Afrodita surgió después de tres años de sequía creativa, Isabel Allende había perdido un año antes a su querida hija Paula, que falleció con tan solo veintinueve años. Durante ese tiempo no logró escribir ni una sola palabra, pero viendo que no podía continuar así pensó que recurriría a su formación periodística para al menos hacer un libro que recopilara otras historias, el asunto era que no sabía aún de qué podría tratar hasta que una noche tuvo un sueño. 


Soñó que se sumergía en una gran piscina llena de arroz con leche (su postre favorito) y días después, que se comía un taco mexicano relleno de un Antonio Banderas completamente desnudo, cubierto de guacamole. Despertó con unas ganas increíbles de volver a disfrutar de la comida y también sintió que su apetito sexual que había estado dormido durante tantos años debido al dolor de la pérdida, por fin despertaba también.

 

Entonces pensó, dicho por ella, en hacer un libro sobre los dos únicos pecados capitales que valían la pena: La gula y la lujuria, cayendo en la cuenta que existía un puente entre ellos: Los afrodisíacos. 

Alimentos que desatan los deseos más íntimos en las personas que los toman. 

Y así fue como creó el libro Afrodita, recopilatorio de cuentos eróticos, recetas afrodisiacas y anécdotas maravillosas de todo el mundo. 

El cuento de Lady Onogoro me fascinó desde el primer momento y es uno de los cuentos que más me resulta delicioso del libro Afrodita, me alegra mucho que la película de Guillermo del Toro me lo recordase, me gustaría hablaros en alguna otra ocasión un poquito más sobre la película La forma del agua, pero antes quiero conseguir y leer, el libro en el que está basada la película:





(*Actualización: Queridos amig@s, me marcho unos días de vacaciones. Estaré de vuelta la semana del 13 de Septiembre. Un abrazo enorme, ¡nos vemos a la vuelta!). 

lunes, 14 de junio de 2021

Querida Beatrix Potter

“Hay algo delicioso en escribir las primeras palabras de un cuento, nunca se sabe a dónde te llevarán”. Beatrix Potter

(Nacida en 1866, Beatrix Potter fue una escritora e ilustradora de literatura infantil, y naturalista. Conocida por sus hermosos cuentos infantiles ilustrados. Hoy en día también se la reconoce por haber sido una de las primeras en observar que el liquen es una asociación de algas y hongos).

Aunque las monjas ya nos habían leído alguna vez en el colegio, algún cuento sobre Perico (Peter Rabbit), no fue hasta que fui adulta que me interesé por esta autora.

Más concretamente después de ver la película estadounidense-británica Miss Potter protagonizada por Renée Zellweger en el papel de Beatrix Potter y por Ewan McGregor en el papel de Norman Warne (el primer amor de la escritora fallecido después de comprometerse).

Pero el verdadero amor que ahora profeso por su obra no llegó realmente, hasta que me topé en la librería con un libro enorme: 'Beatrix Potter - Cuentos Completos'.

Un lujoso volumen que reúne los veintitrés cuentos y poesías de Beatrix Potter. Los textos están completos y sin abreviar, y se incluyen todas las ilustraciones originales, tanto las de color como las de blanco y negro.

Los cuentos están además, colocados en el orden en que se publicaron por primera vez.

Es un libro maravilloso, gracias a él supe muchísimas más cosas de la autora y pude disfrutar de todos sus escritos e ilustraciones.

Me pareció encantador saber que “The Tale of Peter Rabbit”, más conocido en España como “Perico el conejo travieso” y como “El cuento del conejo Pedro” en Latinoamérica, fuera dedicado originalmente a un niño llamado Noel Moore, el hijo de su antigua institutriz con quien mantenía correspondencia.

“Querido Noel, cómo no sé qué escribirte, te contaré el cuento de cuatro conejitos….”

 

A veces ocurren cosas que me resultan mágicas, coincidencias especiales y maravillosas. Y algo de eso ocurrió con uno de sus personajes.

 

Nada más ver a la Sra. Bigarilla (Mrs. Tiggy-Winkle), una eriza entrañable y preciosa, me enamoré de ella y cuál fue mi sorpresa al ir a leer su cuento…


 

Se me abrió la boca muy grande y los ojillos se me humedecieron, porque si hay algo que a mi madre le gusta hacer en el mundo es planchar, no, en serio. Podría estar horas, cosa que jamás entendí porque yo lo odio, aunque cuando era pequeña eran de mis momentos favoritos. Ella a menudo me dice lo mucho que le apena que de sus tres hijas con la que menos pudo pasar tiempo fue conmigo y es algo que a mí también me pesa en el corazón, pero aquellos ratitos los domingos por la tarde, en los que nos quedábamos solas, porque mis hermanas ya tenían edad de irse de paseo y mi padre se iba también a lo suyo. Yo me sentaba en la sillita de madera que mi madre usaba después en las noches para leerme cuentos, y mientras ella planchaba animada y con su dulce sonrisa eterna, hablábamos de un sinfín de cosas.

 

Aún hoy si te olvidas de casualidad alguna prenda de vestir en su casa, ten por seguro que te la devolverá perfectamente planchada, seas quien seas. En serio :)

 

Así que de esas cosas que a veces ocurren y que realmente las siento mágicas… la Sra. Bigarilla planchaba mientras a su lado sentada, estaba, una niña llamada Lucía.

 


Y entre las prendas que planchaba, además estaba el chaleco de un petirrojo.

 

¡Un Petirrojo! 

 

En estos cuentos, siempre había alguno danzando por ahí :)


Un septiembre, en mi cumple,  el Sr. Luno aquí más conocido como misojillosazules me regaló esta pequeñina…

 


Casi me lo como a besos…

 

En el cumpleaños del año siguiente recibí otras tres figuritas más y un pequeño libro en inglés…


 


Esta vez el protagonista era Benjamin, otro de los personajes más queridos de los cuentos de Beatrix Potter.



Me hace especial ilusión que este cuento sea prácticamente idéntico a los originales de 1902. Pues eran así, pequeños y ligeros. Lo quiso así la autora para que a los niños les resultase fácil manejarlos.

 

Beatrix Potter tuvo una vida larga y espero de corazón que además fuera feliz, pues aunque le pasaron algunas desgracias, como a todos, realmente consiguió vivir a su manera en una época en la que no era fácil hacerlo.

 


(Si quieres saber algo más de ella, aquí te dejo la anterior entrada donde hablo un poco más de su vida y donde prometí además que el próximo día os contaría por qué me gusta tanto, lo que no sabía es que el próximo día seria tanto tiempo después).



- Conociendo a una mujer extraordinaria. - 





jueves, 25 de octubre de 2018

El Jardín Secreto



La clase en silencio, los pupitres separados unos de otros. La hermana Concha avanzaba entre ellos despacio, a veces con un libro entre las manos, otras veces con unos folios fotocopiados.

-¡Carlos mirando tu hoja!- y Carlos la miraba como un conejillo sorprendido por algún sonido extraño.

-Silvia ¿otra vez te has perdido?- Y Silvia se ponía roja, pero no tan roja como mi hoja cuando me la devolvían corregida. Cuanto boli rojo se gastó la pobre hermana Concha corrigiendo mis faltas de ortografía.

Así eran las tardes de dictado.

Cómo le gustaba a la hermana Concha hacer dictados, además y especialmente, los jueves.

Lo recuerdo bien porque eran los días que llegaba más tarde a casa, no me podía marchar hasta que no copiaba el texto correctamente debajo de mi despropósito.

Y así una tarde de jueves como otra cualquiera, llegó la monja de nuevo con unos folios.

Comenzamos a separar las mesas unas de otras y nos dispusimos a esperar a que la hermana Concha empezara a dictar:

-“El petirrojo (coma) que saltaba buscando gusanos (coma) se posó de pronto sobre tierra recién removida por un perro que quería hacer salir a un topo de su madriguera (punto y seguido) Mary (M-A-R-Y) miró hacia ese lugar y (coma) en medio de la tierra (coma) vio algo que parecía un anillo de hierro o bronce oxidado (punto y seguido) Al agacharse a recogerlo se dio cuenta de que era algo más que un anillo (dos puntos) era una vieja llave que (coma) a juzgar por su aspecto (coma) había estado enterrada durante largo tiempo (punto y aparte)
Mary (M-A-R-Y) la recogió y la miró con expresión casi asustada (punto y aparte)
(guion) Quizás ha estado enterrada por diez años (guion) murmuró (guion) (punto y seguido) (se abre el interrogante) Será la llave del jardín (se cierra interrogante)”

-Muy bien, hasta aquí. Paso a recogeros el dictado…

Miro mi hoja, ay mi madre…

-¡Lucía! ¡Pero si solo has puesto el nombre!!

Sin levantar la mirada del pupitre, notaba mis mejillas encendidas.

-¡Pero bueno! ¿Qué ha pasado? ¿No sabes que si te pierdes, tienes que levantar la mano y yo repito la frase??

-Es que…

-Es que… ¿qué? ¿Te has perdido o es que no querías quedarte hoy después de clase? ¿Es eso?

-No…

-Porque si es eso te ha salido mal, porque te vas a quedar igualmente.

-No… no es eso…

-A ver ¿qué ha pasado entonces?

-Es que no me di cuenta…

-¿Qué no te diste cuenta de qué?

-De que estaba escuchando sin escribir…

-Ay mira, es que hoy no sé si estás lela o qué, vete al baño a lavarte la cara y vuelve rápido que hoy te quedas.

Cuando casi todos mis compañeros se habían ido, la hermana Concha nos dio una hoja del texto que había dictado a cada uno de los que nos habíamos quedado después de clase.

«¿Cómo será un petirrojo? ¿Qué era esa llave? ¿Qué abrirá? ¿Había un jardín? En el pueblo hay muchos pajaritos… ¿alguno será un petirrojo? Seguro que si no lo hubiera mirado, hubiera escrito “peti rojo”».

-¡Lucía!! ¡¿Quieres ponerte a escribir?!

-¡Sí! Perdón…

No recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó, hasta que en otro dictado volvió a aparecer Mary y su jardín. Poco a poco fui descubriendo que aquella niña también había estado tan sola y tan necesitada de un refugio como yo.

 «¿Cómo será la India? Dios que guapo debe de ser “D-i-c-k-o-n” ¿Qué es un páramo? Madre mía la señora “M-e-d-l-o-c-k” es igualita a mi tía Rosita».


"Con movimientos lentos, él se acercó al matorral y dio sonidos casi iguales a los del petirrojo; éste contestó como si respondiera a su pregunta.
–Dice que es tu amigo.
–¿Tú crees que lo es? –preguntó ansiosamente Mary.
–No se acercaría si no fuera tu amigo y le gustaras –contestó Dickon.
–¿Entiendes todo lo que dicen los pájaros? –inquirió Mary.
La sonrisa de Dickon se acentuó al mismo tiempo que se frotaba su áspera cabeza. –Creo que sí y creo que ellos también me entienden –dijo–. He vivido por tanto tiempo en el páramo, que me siento como si fuera uno de ellos."

Era ahora o nunca, debía preguntarle a la hermana Concha como se llamaba el libro del que sacaba esos textos. Me daba muchísimo corte preguntarle, como odiaba eso de mí, el que me diera vergüenza casi todo. Pero era la que llevaba la biblioteca del colegio y gracias a ella había conocido a Katrin, así que tenía que intentarlo.

-“El jardín secreto” se llama, pero aquí no lo tenemos.

«Vaya…»

Esperé para ver si me decía donde entonces lo podía encontrar, pero la mujer no dijo nada.

-Lucía, espera…

-¿Si?

-Con lo que te gusta leer… ¿Cómo puedes hacer tantas faltas de ortografía? Porque lo de que tengas tan mala letra… es otra cosa, pero que hagas esas faltas…

«Ay no, me tendría que haber ido…»

-No sé…

-Es que no te fijas, eso debe de ser, que no te fijas. Tienes que prestar atención a cada palabra mientras lees y a los signos de puntuación, fijarte bien donde va cada uno. Y por favor, deja de meter comas sin ton ni son, que ya sé que regaño a tus compañeros por no poner, pero es que tú haces todo lo contrario. Pero bueno, lees muy bien en voz alta y se nota que no te da tanta vergüenza desde que Marcos os da clase de teatro, (el sustituto de la profesora de inglés, el único hombre que nos dio clase en mucho tiempo, creó un pequeño grupo de teatro con los que éramos más tímidos).

Me fui a casa bastante triste, no porque la hermana Concha me hubiera dicho algo que no fuera cierto, sino porque sentía que en verdad yo era muy tonta, mi tío siempre me lo decía cuando cada verano en las dos semanas que él pasaba en el pueblo, me daba repaso de matemáticas. 

-T-O-N-T-A- me repetía mientras daba golpes en la mesa de impaciencia, pues le estaba fastidiando la hora de la siesta.

Y es que aunque me esforzaba, algunas cosas me costaban mucho y se me pasaron las ganas de saber más sobre aquella niña y su jardín.

Un día cuando ya iba al instituto, me quedé en casa. Estaba con un poco de fiebre y me sentía muy mal. Mis hermanas ya no vivían allí, mi padre solía desaparecer en cuanto alguien se ponía malo y mi madre no podía quedarse cuidándome porque era la única que en aquella época tenía trabajo. Así que me ayudó a acomodarme en el sofá con la mantita, me acercó el teléfono de casa y me puso pañuelos y cosas ricas para comer en la mesita del café.

Después llamó a su trabajo y avisó de que llegaría un poco más tarde, salió a por medicinas y cuando regresó llevaba además una bolsa del videoclub de la esquina.

-Lucía cariño, pensé en alquilar una película para que no se te hiciera el día tan largo, aunque seguro que tu padre está al caer… «eso ya no me hacía tanta gracia», pero no sabes lo que he encontrado mientras buscaba una que te pudiera gustar…

-¿Ed qué?-dije con esa voz de pato que suelo tener cuando me resfrío.

Y… sacó… de… la… bolsa… así, despacio… ¡la cinta de vídeo de El Jardín Secreto!

-¡Mamá!! ¿Segudo qué ed eda? La del dibro me refiedo… ¿eda de los dicdados?

-Hija… pues no sé, yo creo que sí… aquí dice…

-¡Diii mamáa!! ¡Ed eda!!

-Ale cariño, pues te la pongo y me voy, que no puedo llegar más tarde. No dejes que se suba la perra al sofá contigo.

Lo primero que hizo mi perrita Bunny en cuanto ella se marchó fue subirse al sofá conmigo, tumbarse bien pegadita a mí y meter su hocico en mi sobaquillo. Como le gustaba hacer eso.

Comenzó la película… ¡Oh dios mío ahí estaba el petirrojo!!

¡Y la llave! Y Dickon, Colin… y el Zorro… y ¡Nut!… ahí estaban todos.

Ahora volvían… ahora que ya de sobras sabía cómo era un petirrojo, aunque nunca hubiera visto uno en persona. Que comprendía que era un páramo, que soñaba con ir a la India… ahora que entendía, lo que realmente fue aquel jardín para aquellos tres niños que habían sido un poco olvidados. Ahora estaban ahí… y no pude ser más feliz.

Cuando mi madre llegó por la noche, volví a ponerla y esta vez la vimos juntas.

Como se emocionó… mi madre es de emocionarse, la verdad. Qué bonito fue vivirlo con ella que tantas veces le había contado en los días de los dictados, lo intrigada y fascinada que estaba con esa historia y la de veces que había fantaseado con convertir el abandonado huerto de casa de mi abuela, en mi propio jardín secreto.

A partir de ese día, cada vez que hubo un resfriado en casa y aunque en aquel tiempo no podíamos darnos demasiados caprichos, aquella película era alquilada.

Con diecinueve años la compré en DVD... 


Y ahora junto con los libros que voy atesorando, aquella historia y todos los recuerdos que le acompañan, están conmigo para siempre.










-El jardín secreto (The Secret Garden) escrito por Frances Hodgson Burnett en 1910:

"Mary Lennox, vive en la India donde su padre trabaja para el gobierno inglés y su madre se pasea de fiesta en fiesta. A sus nueve años de edad, Mary se dedica solo a hacerle la vida imposible a las criadas nativas encargadas de su crianza, pero de la noche a la mañana sucede algo que lo cambiará todo: un terrible brote de cólera mata a sus padres. La pequeña es enviada al norte de Inglaterra con su tío, Archibald Craven, del que dicen que es un desdichado jorobado, con tan mal humor que no permite que nadie se le acerque. Hasta allí viaja la niña, primero por el mar y después atravesando de noche la negrura del páramo para encontrarse a solas en una mansión con más de un centenar de puertas (casi todas cerradas a cal y canto) en cuyos corredores resuena un misterioso llanto (el de Colin Craven). Más tarde hallará un jardín amurallado que no ha sido abierto en diez años, un pájaro de pecho rojo, un niño encantador de animales (Dickon), un viejo jardinero gruñón… y quizá una llave escondida". 

(En la película es un terremoto en la India, lo que deja a Mary huérfana). 

Si te fijas bien, el mundo entero puede ser tu jardín. 







*Desde entonces el petirrojo se convirtió en algo así como un amuleto para mí, por eso siempre aparece escondido en algún rinconcito de mis blogs, en las tazas de mi hogar, en alguna de mis artesanías y en mi tallercito. 

Nunca olvidaré la primera vez que vi uno de verdad aquí: 




(Gracias a los que me permitís abrir el corazón).